Prueba del Honda Jazz, un ciudadano ejemplar
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El objetivo final de un automóvil es servir de medio de transporte para que una persona vaya de un punto 'A' a un punto 'B' con total independencia. El Honda Jazz puede considerarse el ejemplo ideal de vehículo práctico en ciudad, porque cumple ese objetivo a la perfección, sobre todo en las urbes. Aunque es perfectamente capaz de ser un buen aliado en autopista e incluso en viajes largos, su hábitat natural será entre edificios y aparcamientos de zona azul.
Renovado estética y mecánicamente el año pasado, la nueva generación del compacto japonés llegó a España este verano, con un nuevo propulsor híbrido convencional de 109 CV con capacidad para circular en modo 100% eléctrico en cortos períodos de tiempo y un diseño actualizado que abandonaba las líneas rectas y agresivas y apostaba por las formas simples y fluidas. Si antes sus grupos ópticos delanteros eran largos y afilados, ahora se asemejan más a un ojo. En cierto modo, su predecesor tenía cierto carácter deportivo que en el nuevo Jazz queda totalmente omitido.
Disfrutar de la ciudad
El nuevo Jazz se vale de un motor de gasolina de 98 CV combinado con dos propulsores eléctricos para un total de 109 CV de potencia. En marcha el nuevo Jazz se muestra ágil, con una aceleración sobresaliente para las demandas de las ciudad y una maniobrabilidad destacable. Fuera de los límites de las urbes, querer alcanzar los 120 km/h supone sufrir el molesto ruido de su motor, que se asocia a una caja de cambios CVT de transmisión variable, que da lo mejor de sí en las ciudades, pero que se muestra poco eficaz fuera de ellas.