Prueba del Hyundai Santa Fe, un nuevo referente
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La cuarta generación del Hyundai Santa Fe entró en el segmento SUV derrumbando la puerta y dando un puñetazo sobre la mesa para posicionarse entre sus referentes. Con un diseño atractivo y con carácter propio, dejando atrás generaciones menos acertadas, un equipamiento a la última en términos de seguridad y conectividad y una gran relación calidad-precio, el todocamino grande de la firma coreana ofrece todo lo que buscan las familias actualmente.
Estéticamente toma aspectos del Kona y los lleva a su terreno. Su enorme parrilla frontal y los finos grupos ópticos LED son claramente inspirados en su hermano pequeño. Es elegante e imponente, con líneas marcadas y protecciones a lo largo de su silueta que aportan robustez. En la trasera destacan sus nuevos grupos ópticos y, en la unidad probada, su doble salida de escape y un pequeño alerón, que le dan un toque más deportivo y gamberro al conjunto.
200 CV diésel
Bajo el capó trabaja un motor diésel CRDi de 2.2 litros y 200 CV que manda toda su fuerza a las cuatro ruedas a través de una caja de cambios automática de ocho relaciones y el sistema de tracción integral HTRAC, que reparte el par según la velocidad y las condiciones del firme. En marcha el motor se siente poderoso, empuja fuerte y recupera muy rápido, aunque su configuración busca la comodidad. Es sorprendentemente estable para su tamaño y peso y presenta muy poco subviraje a velocidades alegres. En modo Sport, la dirección se endurece y se corrige la lenta respuesta del acelerador que muestra en los otros modos, ganando agilidad.