Tres patinadores aguardan el momento de avanzar, en un cruce de Barcelona

El 20% de los usuarios de patinete de Barcelona ya han sido multados al menos una vez

Los encuestados en el último barómetro del RACC admiten de manera mayoritaria que incumplen las normas de circulación más básicas

El RACC ha presentado este miércoles su tercer barómetro sobre los patinetes en Barcelona, un informe repleto de datos y estadísticas que arroja una tesis de fondo muy clara: estamos ante un colectivo creciente, novel, insatisfecho e inseguro; pero también furtivo y un punto tramposo. Los usuarios, a través de una encuesta realizada por el automóvil club admiten de manera mayoritaria que incumplen las normas de circulación más básicas, y a pesar de ello, se ponen de nota casi un notable. En el sistema educativo, la autoevaluación usa una herramienta llamada rúbrica. La suya es de lo más generosa. Pero no será tanto cuando el 20%, teniendo en cuanta que el 70% llevan menos de dos años a lomos de este ‘gadget’, admiten que como mínimo en una ocasión ya han llegado a casa con una multa.

El patinete ha superado la etapa inicial de chico nuevo en la clase. Asumida su presencia, unos y otros, usuarios y resto del mundo, están ahora en la fase de tomar posiciones. El patinete puede ser parte de la solución camino de la movilidad (más) sostenible o puede hurgar en la fama de gamberro, de ‘popu’ malo. Los demás pueden verlo como una oportunidad o pueden, como se hizo en 2007 con la irrupción del Bicing, decidir que durante unos años lo convertimos en el saco de boxeo de la movilidad barcelonesa. Una trinchera más, en resumen. Los datos que arroja el RACC muestran un cierto tránsito hacia la convivencia, pero ese estado de ‘pax’ vial todavía queda en un horizonte muy lejano.

Menos movilidad activa

El RACC ha realizado 800 encuestas, suficientes para trazar un perfil. Pero antes de entrar al detalle, algunos datos para poner contexto. El 68%, una barbaridad de cifra que dice mucho sobre la actitud y el margen de mejora, aseguran que llevan menos de dos años en el mundo de los vehículos de movilidad personal (VMP). Solo el 9% provienen del coche o la moto, mientras que el 40% iban antes a pie o en bici y el 38% eran habituales del transporte público. Se rompe el mito de vehículo que quita coches de la calle, y gana enteros la teoría de que le roba pasaje al metro y al bus. Y a la movilidad activa, porque son menos los que andan o pedalean. El 80% de los desplazamientos son de menos de cinco kilómetros y solo el 17% de los trayectos duran más de 20 minutos.

Patinetes y bicicletas circulando por la avenida de la Diagonal de Barcelona

Más cosas. El 75% de los usuarios admiten haber circulado por la acera (está prohibido) y el 71% ha ido por una calzada también vetada (no pueden entrar en la red básica). El 54% se saltan los semáforos si no pasa nadie por la perpendicular, el 42% va en dirección contraria o por la acera para ganar tiempo, el 40% admiten que superan la velocidad máxima y el 10% reconocen que su patinete está trucado. A pesar de todo ello, los usuarios, según el barómetro del RACC, se ponen una nota de 6,9.

“Autoindulgentes”

Sobre esta valoración, Cristian Bardají, director del área de Movilidad del RACC, ha admitido que la evaluación de la entidad, a la vista de los resultados, “está claramente por debajo de la percepción autoindulgente de los propios usuarios”. “Son un elemento disruptor y hacen que la convivencia en el espacio público sea más complicada”, ha resumido. Está muy bien tener la moral alta; ya se encargan los demás de minarla. Como la Guardia Urbana.

Solo en la última semana, del 25 de septiembre al 1 de octubre, la policía local de Barcelona impuso 660 sanciones. Fue una de las muchas campañas que la ciudad emprende de manera recurrente (no menos de 15 veces en los últimos dos años) a la caza de patinetes furtivos. Básicamente, semáforos en rojo, auriculares, distracciones, maniobras negligentes...

Todo, a pesar de que los patinetes están implicados, según las cifras de siniestralidad de 2022, en el 6,4% de los siniestros de tráfico, muy lejos del 35% de los turismos o el 31,8% de las motos. El año pasado, sin embargo, y no es cosa menor, fue el primero en el que los VMP fueron más al suelo que las bicicletas.

Toda esta vigilancia se traduce en un porcentaje sorprendente; ese 20% de entrevistados que dicen haber sido multados como mínimo en una ocasión, una cifra que contrasta mucho con el 7% que arrojó el barómetro de 2020. Sobre las multas, resulta llamativo que a un 45% no le parezca bien sancionar en caso de incumplimiento de la normativa, lo que permite suponer, o imaginar, hasta qué punto todavía son muchos los usuarios que no se han dado cuenta que en sus pies calzan un vehículo y no un juguete. Aunque no lleva matrícula, ni seguro, ni el casco sea obligatorio. Por ahora, en todos los casos. Sobre la protección craneal, por cierto, el ayuntamiento debería posicionarse este mismo otoño. O eso se dijo en abril cuando al asunto se le dio patada hasta el siguiente mandato.

Vulnerables

Del mismo modo que la inseguridad y la limpieza callejera va muchas veces más por sensaciones que por realidades, con los patinetes sucede un poco lo mismo. Alimentado por una actitud, reconocida, que está muy lejos de propiciar el bienestar propio. En la encuesta de 2023, un 55% confiesan sentirse vulnerables; son cuatro puntos menos que en 2022 pero siguen siendo más de la mitad. El coche, por la diferencia de velocidad, el tamaño y el volumen de tráfico, sigue siendo el protagonista que más temen.

La misma encuesta, sin embargo, arroja un dato inquietante: el 15% aseguran haber sufrido algún accidente con daños personales, un porcentaje que el año pasado era del 18%. Es decir, que uno de cada siete habituales del VMP se ha ido al suelo y además se ha hecho daño, con un 79% de casos en los que no había de por medio un seguro específico, que no es obligatorio, como tampoco lo es tener una formación mínima para poder meterse en la jungla viaria.

El ‘titulín’

De ahí que el 23% de los entrevistados admita no conocer la normativa de circulación de patinetes que, todo sea dicho de paso, tampoco es fácil de asimilar. El no saber es un clásico de este colectivo. Otro ejemplo: el 40% no saben, en caso de siniestro, quién debe hacerse cargo de los gastos originados. Pero hay esperanza, puesto que el 64% de los que hablaron con el RACC consideran que los que no tengan permiso de conducir deberían pasar por algún tipo de formación gratuita para poder circular, una idea que el presidente del ‘mobility club’, Josep Mateu, ha repetido en numerosas ocasiones.

En el apartado de recomendaciones, Bardají ha recetado al consistorio una red ciclable “más coherente, accesible, segura, atractiva, señalizada, directa y eficaz”; impulsar aparcamientos de VMP seguros y cómodos; imponer un seguro de responsabilidad civil; fomentar la formación y el registro de patinetes y entregar un kit de protección (casco, guantes, timbre, luz, elementos reflectantes...) con cada compra de una unidad.

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