Opinión: Davos no quiere que tengas coche
Con la ‘excusa’ del cambio climático se premia cada vez más el uso compartido del transporte y se castiga el coche particular
Los más conspiranoicos sostienen desde hace meses que los que mandan en el mundo ya no quieren que tengamos nuestros propios coches. O dicho de otra manera, desde Davos, donde se celebra el Foro Económico Mundial, y otras reuniones de la élite, se están ejerciendo presiones para acabar con la propiedad privada en el sector automovilístico.
Dicho así puede sonar a guion de película de serie B. Pero uno si uno se pone a repasar lo que está sucediendo últimamente en el sector, lo cierto es muchas cosas cobran sentido. Y más cuando se escuchan propuestas políticas como las de Más País, que quiere dar 1.000 euros de ayuda directa a las familias que no tengan coche, argumentando que “la lucha contra el cambio climático requieren medidas valientes y decididas”.

En España el pistoletazo de salida de esta campaña de desprestigio vino con la demonización del diésel. En cuestión de pocos años pasamos del ‘diese el gustazo’ a ‘debemos acabar con el diésel’. Y aprovechando la calamitosa imagen lograda para este combustible, se dio el salto también a la gasolina, englobando a todos los motores de combustión en este saco. Sólo eres un buen ciudadano si llevas un coche electrificado. Y si quieres ser de primera categoría debes gastarte una pasta en un ‘0’ emisiones. Pero tranquilo, esta élite es la única que tiene ayudas para la compra del automóvil en España. Todo muy social…

Si soy mala persona por comprar un combustión, y no tengo dinero para comprar un eléctrico, ¿qué hago? Davos tiene la solución: no lo compres; alquílalo. ¿Para qué vas a gastarte un dineral en un vehículo propio cuando puedes disponer de uno cuando quieras alquilándolo a través del móvil y sin pagar la letra del banco, el mantenimiento, el combustible y todos los gastos derivados de tener coche en propiedad

Todavía se podría profundizar mucho más en las incongruencias que nos quieren vender, como por ejemplo: querer pasar de un parque automovilístico de 13,5 años de antigüedad a uno totalmente eléctrico en medio de una crisis económica y con una infraestructura de carga ridícula, ya que España sólo cuenta con el 3,5% de cargadores que hay en toda Europa. O que el coche eléctrico es la mejor alternativa a la contaminación, sin decirnos las emisiones que generan su producción o qué se va a hacer con los millones de baterías cuando se retiren los vehículos, a la vez que se obvia que tenemos los motores de combustión menos contaminantes y eficientes de toda la historia. Además de estar evolucionando combustibles sintéticos de huella de carbono cero para los motores de combustión.

Con lo dicho, y lejos de caer en discursos conspiranoicos, no se puede negar que algo de razón llevan los que tienen el cono de papel de aluminio en la cabeza. Pero lo mejor es tener sentido común y no comprar ningún discurso radical, simplemente debemos pensar que estamos en medio de una compleja transición del transporte hacia un ecosistema más sostenible, pero ésta debe ser ordenada y gradual. No se puede ser eléctrico de la noche a la mañana, antes podemos y debemos seguir explotando esas tecnologías que tantos años nos ha llevado evolucionar, hasta lograr los mejores motores de combustión de toda la historia, con unos niveles de contaminación radicalmente inferiores a los de hace unos años. Veamos la amplia oferta de propulsores que hoy tenemos como un beneficio, y no como un problema.