Prueba del Hyundai Ioniq Plug-in, ajustes para seguir siendo la referencia
Hyundai actualizó el Ioniq este año por primera vez desde su llegada en 2016. Los cambios son sutiles pero suficientes para seguir liderando el mercado electrificado
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El Hyundai Ioniq fue uno de los primeros vehículos en el mundo en ofrecer una alternativa 100% eléctrica, otra híbrida convencional y otra híbrida enchufable. Llegó en 2016 y pronto se convirtió en la referencia de la marca y del segmento, donde rivalizaba con, sobre todo, con el Toyota Prius. Una buena autonomía eléctrica y un interior de calidad eran sus puntos fuertes.
Ahora, Hyundai lo ha actualizado para intentar seguir en lo alto del mercado de híbridos y eléctricos. Apostando por cambios sutiles pero relevantes el Ioniq mantiene lo que le ha hecho triunfar e intenta mejorar donde fallaba. Poco hay que decir del exterior, donde las novedades pasan por faros Full LED y una nueva luz de aire, además de un parrilla rediseñada para la versión híbrida enchufable, la unidad probada. En el perfil destacarán las nuevas llantas de 16 pulgadas y en la trasera, que mantiene la desacertada doble luneta, que resta visibilidad desde el retrovisor, también debutan nuevos grupos ópticos.

Comodidad y eficiencia
El Ioniq Plug-in combina un motor de gasolina de 105 CV con un motor eléctrico que le permite entregar 141 CV de potencia y 265 Nm de par máximo. Es un vehículo creado para ser eficiente y muy cómodo, objetivos que cumple con creces. En modo híbrido, la suavidad será la norma y el motor responderá bien, pero suave, demasiado incluso al recuperar. En modo Sport, el motor de propulsión tomará la iniciativa, pero los 105 CV se quedan algo cortos. No obstante, servirá para cargar su batería de 8,9 kWh de capacidad en marcha, que también se puede cargar enchufándose, que según la marca da para 52 kilómetros en modo eléctrico.
