Analizamos el Mercedes-Benz Clase X
Su motor V6 Turbo, la transmisión 7G-Tronic Plus, la tracción 4Matic, el Drive Select y los cambios hechos en su arquitectura de suspensiones elevan a la Clase X a otro nivel en esta nueva versión
Un año han necesitado en Stuttgart para afinar por completo su propuesta en el nicho de los pickups. Un ámbito con sus propias reglas, pero en el que Mercedes-Benz ha querido jugar, primero en una asociación con Nissan y, desde ahora, más por libre con una versión de su Clase X que (hasta cierto punto) rompe algunas de las amarras que lo ligaban al Navara de la firma japonesa y al Alaskan de su socia Renault. Como esas canciones cuya versión mejoran la original, con el X 350d 4Matic, Mercedes-Benz ha hecho propio el concepto pickup en aquellos aspectos que, a priori, más puede valorar su cliente: tacto de conducción, capacidad todoterreno, brío mecánico y posibilidades dinámicas. Dice la marca que es el Mercedes de los pickup y, realmente, después de haberlo probado en una deliciosa ruta por Cuenca, la afirmación no nos puede parecer más acertada. La gran virtud de esta versión tope del Clase X es que todas sus evoluciones lo hacen superior tanto en carretera como en pistas todoterreno, aunque es en ese ámbito off-road donde todas encajan como un puzzle. En primer lugar, porque el motor diésel 3.0 V6 con inyección directa common rail (un viejo conocido en la gama de la marca) pone al servicio de sus más de cinco metros 258 CV de potencia y 550 Nm entre 1.400 y 3.200 rpm. Y lo hace, a diferencia de los cuatro cilindros de las versiones X 220d y X 250d, suave como la seda. Esa tersura la aprovecha otra de las diferencias de esta versión: la transmisión 7G-Tronic Plus. Su funcionamiento, que prioriza en todo momento una transferencia constante y sin interrupciones del par es un don cuando hay que ponerse en modo off-road, además de hacer mucho más cómoda su conducción sea cual sea el tipo de superficie. Pero si hablamos de confort, entonces hay que detenerse en lo que, a nuestro juicio, es una de las mayores fortalezas de esta versión: su arquitectura de suspensiones. Aunque el chasis es el mismo –uno rígido tipo escalera para poder ofrecer una capacidad de carga superior a la tonelada–, el tren delantero emplea un esquema de doble brazo oscilante y uno de tipo multibrazo detrás. Los muelles helicoidales en ambos ejes –una solución nada común en su especie– multiplican el confort de marcha, sobre todo en verdaderas incursiones fuera de pista.
La tracción total 4Matic también es 100% Mercedes-Benz (aunque la denominación sea la misma para los X 220d y X 250d) y está configurada para que el par se canalice en mayor medida (60%) en el tren trasero que en el delantero (40%) para que su dinámica de conducción sea superior. Activando mediante un selector específico de la consola el modo 4H toda la electrónica se adapta para aprovechar al máximo toda la tracción disponible y si las cosas se ponen feas, siempre se puede recurrir a la reductora dando un golpecito más para llegar a la posición 4L. La marca alemana ofrece como opción el bloqueo electrónico del diferencial trasero por 595 euros. Si a esto le sumamos una anchura de vías respecto a sus primos (en este caso lejanos) japonés y francés siete centímetros mayor y una distancia entre ejes de 3.150 mm, se entiende que la manera de pisar el asfalto del nuevo X 350d 4Matic sea extrapolable a otros modelos con la estrella de Mercedes-Benz en su calandra sin filiación alguna con su ramificación de vehículos industriales. El último gen Mercedes-Benz salta a la vista en la consola central. Junto al touchpad con el que se controla el visualizador de medios está el conmutador de modos del Dynamic Select. Hay cinco, de los que dos, Sport y Manual insuflan de carácter el X 350d y uno, el off-road, que hace más precisa y ajustable la entrega de potencia mediante una curva de aceleración específica. El Manual permite tomar el control del cambio mediante las levas, además de acortar los tiempos de transición entre una y otra relación.