El laboratorio ‘made in Spain’ que ensaya miles de accidentes de tráfico sin estrellar ni un coche

El proyecto G-Lab del gigante de la automoción Gestamp desarrolla prototipos digitales de automóviles y simula de manera virtual los efectos de todo tipo de choques en cada pieza para mejorar la seguridad de los vehículos.

El germen de todo este asunto hay que buscarlo en una chatarrería en el Burgos de los años cincuenta. Aquel pequeño negocio de la España en blanco y negro creció hasta convertirse en una corporación del acero y, más adelante, hasta ser un gigante global del sector de la automoción. Siempre en manos de la familia Riberas, el negocio chatarrero de antaño hoy es la multinacional Gestamp, uno de los grandes grupos que suministran componentes a los colosos de la automoción por todo el mundo.

Gestamp fabrica y suministra componentes metálicos para el automóvil en una veintena de países. Pero también se ha volcado en participar activamente en el diseño y el desarrollo de las piezas y estructuras junto a sus clientes. El grupo busca tener garantizada la plena seguridad de cada componente incluso antes de fabricarlo gracias a la digitalización. Y lo hace desde un laboratorio virtual -con satélites en 13 países de tres continentes pero con su centro neurálgico en Barcelona- en el que realiza todo tipo de ensayos de accidentes de tráfico pero sin estrellar ni un solo coche.

Los tests de choque reales siguen siendo necesarios para conseguir la certificación de componentes o de modelos de automóviles concretos. Pero G-Lab, el proyecto de I+D de Gestamp para levantar un laboratorio virtual para la validación de productos automovilísticos, consigue simular miles de accidentes en apenas unas horas y reducir en un 95% la necesidad de pruebas analógicas -más costosas y más lentas- para conocer la resistencia y la reacción de los materiales y de cada componente en caso de accidente. Lo que antes sólo se invertía en ensayos con choques reales, ahora se invierte en computación.

“Somos capaces de simular todo tipo de accidentes, hacer pruebas ilimitadas con escenarios casi ilimitados. Accidentes frontales, laterales, de alcance, vuelcos... a diferentes velocidades, desde diferentes ángulos... Y podemos conocer cómo se deforma cada una de las piezas en cada fracción de milisegundo, si lo hacen como espera el fabricante, cómo resisten los componentes en función del material del grosor de cada parte, si se romperían o no... Y todo en unas horas y de manera digital para conseguir garantizar plenamente la seguridad de los ocupantes del vehículo”, explica Xavier Herrera, máximo responsable de G-Lab y director del área de estructuras de carrocerías de Gestamp, que destaca que todo el proceso se realiza en colaboración con sus clientes -las marcas de coches- en un proceso de codesarrollo de los componentes.

Cada vez más rápido

G-Lab arrancó en 2008 y desde entonces ha ido intensificando el alcance de sus mediciones. En sus inicios el laboratorio virtual era capaz de simular todo el serial de posibles accidentes en 30 o 35 horas dividiendo el automóvil en un millón de fragmentos. El software de simulación ahora tiene mayor capacidad, los algoritmos son más precisos, los modelos matemáticos son más complejos. Catorce años después, ese trabajo se ha reducido a entre 10 y 12 horas y lo hace troceando de manera figurada el vehículo en 10 millones de elementos. “Somos diez veces más precisos y hemos reducido a un tercio el tiempo de trabajo. Es una herramienta que evoluciona cada día”, subraya el directivo. “El software nos permite hacer las simulaciones cada vez más rápido”.

Gestamp utiliza para sus simulaciones tres tipos de vehículos virtuales. Modelos completos de una SUV de gran tamaño, un sedán y un turismo pequeño (antes sólo de combustión, ahora también eléctricos e híbridos) en los que de manera digitalizada se van insertando los diferentes componentes cuya seguridad en caso de choque se quiere estudiar. “Ahora estamos ampliando la familia”, bromea Herrera.

Y es que al trío de modelos virtuales se van a ir sumando progresivamente nuevos tipos de vehículo adaptados a las nuevas tendencias de la movilidad, con automóviles más pequeños, vehículos de distribución de última milla y también modelos de conducción autónoma. “Podemos hacer simulaciones con cualquier tipo de vehículo que esté en preparación por un fabricante. La de los modelos urbanos pequeño es la siguiente revolución de la movilidad. Y ya estamos en ello. Trabajamos en los coches del mañana. Vamos por delante del sector”.