Honda CBR650R: el poder de una buena influencia
La ingeniería genética hace de este modelo tan próximo en lo técnico a la cb650r el perfecto eslabón de enganche con la gama más 'RR' de la marca del ala dorada
Si hace semanas les contábamos qué sensaciones nos había dejado la nueva Honda CB650R en nuestro contacto con ella por las carreteras almerienses, ahora le llega el turno a esa ‘cara B’ de la nueva gama de media cilindrada de Honda. Tan cerca en lo técnico a esa ‘Neo Sports Café’ y, a la vez, tan lejana en lo estético, en realidad las diferencias radican en una eficaz operación cosmética.

Diseño al margen, los últimos coletazos de esa personalidad más deportiva emergen en la posición de conducción, ya que la Honda CBR emplea unos semimanillares sujetos bajo la tija superior y no un manillar abierto. El resultado es una postura más agresiva propia de una moto de su carácter y que, si bien carga más las muñecas, ayuda a ese aporte de sensaciones más puras en curva con la colaboración de los neumáticos Dunlop Sportmax más blandos.
En términos puramente dinámicos, los puntos en común con la ‘CB’ no hacen mella en la deportividad de la CBR. Por ejemplo, las suspensiones –horquilla delantera Showa USD de 41 mm con función separada no regulable y monoamortiguador trasero ajustable en precarga– cumplen también aquí, aunque se sienten algo más duras. Los frenos (discos flotantes de 310 mm de diámetro con pinzas de cuatro pistones y anclaje radial delante y un disco trasero de 240 mm detrás), de nuevo, sobresalientes tanto en mordiente, progresividad, tacto y nula fatiga.
El chasis de acero de tipo diamante nos confirmó lo que ya vimos horas antes en la CB650R: que tiene margen para abrazar un motor de mayor calibre. En la CBR650R volvió a convencernos por agilidad, sensación de control y facilidad de conducción, en parte porque la ligereza es también en este modelo una de sus bazas con 207 kg, apenas cinco más que su hermana ‘desnuda’.
Aires de ‘hi-sport’
¿Y qué decir del motor? La supresión de ese bache de par a alrededor de las 5.500 rpm que tanto celebramos en el otro modelo permite en éste desplegar toda esa deportividad que promete su línea. Su capacidad de aceleración, con una curva llena y lineal permite sacar máximo partido en forma de diversión a los 93 CV a 12.000 rpm y el par motor, 64 Nm a 8.500 rpm da pie a una conducción no necesariamente pendiente de la marcha engranada porque tiene recursos para sacarnos de más de un apuro. Su arquitectura cuatro cilindros en línea, además, se siente al tacto con una finura sensacional carente de vibraciones y un sonido muy agradable, especialmente –si vale la expresión en este modelo con un cuadro completamente digital– al ‘subir la aguja’ por el cuentavueltas.

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