Rider300: la mejor opción para iniciarte en motorutas y no morir en el intento
Completamos más de 300 kilómetros de curvas con las Macbor Eight Mile 500 SCR y STR.
Nos apuntamos a nuestra primera motoruta de la mano de Macbor y sus Eight Mile, tanto la SCR (Scrambler) como la STR (Street). Ambas comparten motor y gran parte de elementos mecánicos, excepto el recorrido de las suspensiones, llantas y neumáticos de espíritu endurero en el caso de la SCR. Tras vivir la experiencia de la Rider300, la modalidad ideal para iniciados, os contamos la experiencia.

El resto, apuntados en alguna de las otras tres distancias, íbamos a ir saliendo escalonados en función de la modalidad en la que estábamos apuntados. En nuestro caso a los mandos de las nuevas Macbor Eight Mile 500, dos monturas que, lejos de quedarse cortas, cumplen a la perfección con el cometido de una motoruta como la Rider300.
La tarde anterior ya se respiraba el ambiente festivo de la Rider1000 durante la recogida de dorsales, en el recinto ferial de la ciudad tarragonesa, por el que fueron desfilando los 2.800 moteros que iban a participar al día siguiente. Las sonrisas iban de oreja a oreja y en más de un estómago había "mariposillas". Ese era en nuestro caso: dos novatos en este mundo de las motorutas, con muchas ganas (y nervios) por lo que se nos venía encima.

Organizados en grupos de 12 moteros de cada categoría, las salidas se iban produciendo de forma bastante espaciada de manera que entre un grupo y otro pasaba el tiempo suficiente para evitar aglomeraciones en las carreteras.
Además, las rutas de 300 y 500 km compartían la mayoría de tramos y se separaban de los recorridos más largos de 700 y 1000 km que recorrían otras carreteras y algunos kilómetros en otros sentidos para evitar overbooking. De ahí la importancia de tener claro el recorrido o contar con sistemas de navegación, pues cada versión de la Rider1000 discurría por diferentes puntos de la geografía.

Ya en marcha, comprobamos que la ‘rider’ no está hecha para un solo tipo de motero. Desde ‘trails’ y ‘customs’ a ‘nakeds’ y deportivas, el recorrido no dejaba a nadie atrás, llegando incluso a participar motos históricas, Vespas y Montesas que a más de uno le quitaron las pegatinas.
En nuestro caso, llevábamos dos ‘nakeds’ de Macbor de 500cc, la versión asfáltica Eight Mile (STR) y la Scrambler (SCR). Ambas dieron la talla completamente para los distintos retos que fuimos encontrando, tanto en carreteras con algo de grava o arena, en las curvas de los puertos de montaña que fuimos recorriendo o en los caminos de piedra por los que en alguna ocasión nos desviamos para sacar fotos bonitas de las impresionantes vistas.

A lo largo del recorrido, exprimimos las Macbor y acabamos realmente satisfechos. La cómoda postura de conducción con el manillar relativamente alto, las estriberas algo más bajas que en otro tipo de ‘nakeds’ y el asiento amplio hizo que las casi 8 horas que pasamos sobre la moto apenas nos fatigaran. Además, ‘a pesar’ de ser una moto de 35kw, unos 47 CV, resultaron más que suficiente para este tipo de ruta dada la velocidad de las vías por las que transitaba la Rider1000.

Asimismo, la docilidad del motor bicilíndrico le otorga el aplomo y la estabilidad suficiente para poder tener un paso por curva bastante rápido sin dejar de sentir el control de la moto en todo momento con lo que incluso pudimos apretar un poco más en algunos tramos de curvas. Por otro lado, el consumo fue realmente poco, ya que con solo 3,9L por cada 100km, nos dio la libertad para hacer prácticamente dos tercios de la ruta sin necesidad de repostar, algo muy positivo dadas las colas que se formaban en las gasolineras del camino.
En nuestro único ‘pitstop’ esperamos casi 20 minutos para repostar, pero aprovechamos para entablar conversación con los otros moteros de la cola, hidratarnos y revisar los tracks. El ambiente en estos eventos es realmente maravilloso. El compañerismo, el buen rollo y las ganas de gas son denominadores comunes en todos los presentes que reducen al mínimo las diferencias abismales que de normal se podrían sentir. No había hielo que romper.

En resumen: 300km de curvas después, tras conseguir el último sello y llegar de nuevo a Tortosa con una sonrisa en la cara, disfrutamos de la compañía y del ambiente celebrando cada llegada como si fuera la nuestra propia y brindamos por la experiencia con los moteros de las otras mesas. La experiencia nos pareció una pasada y ahora entendemos por qué existe tal devoción a este tipo de eventos. El año que viene a por la 500, pero con el GPS bien a mano.