El sector ve en la movilidad urbana aérea el próximo gran negocio
Marcas de coches, compañías tecnológicas, firmas aeronáuticas y hasta el gobierno de Japón. Todos quieren ser los primeros en crear el taxi volador funcional para asaltar un mercado libre de competencia
No son pocas las compañías automovilísticas las que se dedican al desarrollo del ‘coche volador’, esa aeronave que les permita pasar de la carretera a los cielos y crear nuevas áreas de negocio explotando el cielo de las urbes, algo que, de paso, reduciría la congestión en sus carreteras.
La mayoría de firmas, también tecnológicas como Uber o aeroespaciales como Boeing o Airbus, han abandonado el concepto de ‘coche volador’ y apuestan por una aeronave con capacidad para despegar y aterrizar de forma vertical, las conocidas como VTOL, para aprovechar el concurrido espacio de las ciudades. No obstante, otras, como PAL-V o Terrafugia sí buscan esa unión simbiótica entre el mundo del automóvil y el de la aviación. Con todo, una cosa está clara: como con los coches autónomos, el primer actor que consiga un VTOL funcional y un servicio de movilidad operativo tendrá acceso a un mercado global potencial de, según Morgan Stanley, entre 534.000 millones de euros y 2,5 billones de euros.
Toyota apuesta fuerte
De entre todos los participantes en esta carrera por el dominio del cielo, el último en pronunciarse ha sido Toyota anunciando su apuesta por la movilidad vertical y el desarrollo de un eVTOL, eléctrico, en colaboración con Joby. La firma japonesa ha invertido 394 millones en la aeronáutica para impulsar el desarrollo y la producción del Serie C de Joby.

Hyundai y Uber
Pese a ser Toyota la última en hablar sobre el transporte urbano aéreo, Hyundai acudió al CES de Las Vegas a principios de enero con Uber para presentar su prototipo de taxi volador, otro eVTOL capaz de despegar en vertical y de alcanzar velocidades de crucero de hasta 290 km/h.

Las firmas de lujo también ven posibilidades
Tanto Aston Martin como Rolls-Royce están también inmersos en el desarrollo del taxi volador. La firma de Gaydon, con la ayuda de Rolls-Royce y la Universidad de Cranfield, está trabajando en un prototipo de lo que, describen, será “un vehículo híbrido-eléctrico para el transporte aéreo urbano e interurbano”. Mientras la universidad se ocupa de la parte técnica, Rolls-Royce contribuye con su experiencia en el desarrollo de motores de aviones. En 2018 apuntaban a 2020 como objetivo para hacer las primeras pruebas.


El concepto de Audi
Ligeramente alejado del concepto de taxi volador, Audi imaginó un sistema autónomo que combinara cielo y carretera según las necesidades de los usuarios. Llamado Pop.Up Next, desarrollado junto a Airbus e Italdesign, este vehículo consta de tres módulos: neumáticos, habitáculo y dron, que podrían funcionar de modo independiente.

El asalto de las aeronáuticas
Pese a trabajar codo con codo con firmas automovilísticas en sus respectivos proyectos, Boeing y Airbus también trabajan para tener listo un prototipo de VTOL funcional. La firma estadounidense creó en 2018 NeXt, una división destinada a la creación de vehículos aéreos autónomos. Además de la asociación con Porsche, desde NeXt se trabaja en aeronaves VTOL para pasajeros y para cargas. En enero de 2019 realizó su primera prueba con un prototipo despegando y aterrizando en vertical.

Los coches voladores
Paralelamente al resto de compañías, Terrafugia, que cuenta con Geely (Volvo, Polestar) en su lista de accionistas, lleva trabajando desde 2006 en la creación de un coche volador, apto para conducir en carretera y volar en el aire. El Terrafugia Transition, presentado en 2012 es una de sus apuestas, con capacidad para volar casi 800 kilómetros a una velocidad de crucero de 172 km/h. En carretera, es capaz de alcanzar los 110 km/h. Su primera prueba de vuelo fue en marzo del año pasado. Además, la compañía está desarrollando el TF-X, un coche volador autónomo del que se conocen pocos detalles.

La ambición de Japón
Además de todas estas compañías, el gobierno japonés también quiere taxis voladores, y los quiere para los Juegos Olímpicos de Tokio de este mismo año. Para ello, ha puesto en marcha el proyecto Skydrive, financiado con 4,4 millones gracias a empresas como Uber, Boeing y Toyota, con el objetivo de crear un vehículo volador asequible y fácil de conducir que se pueda presentar en la cita olímpica y que llegue a las calles en 2023.